Tejiendo el pensamiento
Posted on Oct 12 in Editorial, Portadaby Souldes MaestrePrint
Articulo tomado de la version on-line del periodico el Tiempo
Las kankuamas ven el tejido como una forma de plasmar sus pensamientos.
En Guatapurí amanece más temprano que en el resto del país. Cuando el sol despunta desde las cumbres de la Sierra Nevada y el viento frío barre las montañas y silba en su paso por los valles encantados de esta mística región, ya en todos los rincones del pueblo se escucha el rugir de las carrumbas hilando lana.
Este pueblo enclavado como una cuchilla en medio de grandes montañas de cerros pedregosos bordeados por el río Guatapurí, de aguas frías y diáfanas, que aún mantiene casas de piedra y barro con techos de paja, calles empedradas que le dan un aspecto medieval, es una de las 12 comunidades de la etnia kankuama, donde desde siempre sus mujeres han tejido el fique y la lana para elaborar productos artesanales como mochilas y chinchorros.
Esta práctica hace parte de la riqueza cultural de los kankuamos, uno de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada en el departamento del Cesar, donde el tejer para sus mujeres es una labor del pensamiento que se plasma en puntadas y colores.
“Todo el tiempo tejemos, desde que uno nace le van inculcando eso”, cuenta Íngrid Montero, una muchacha de brazos largos que con el tiempo han tomado fuerza de tanto envolver en su carrumba largas tiras de lana y fique.
En cada puntada y cada diseño que se realiza en la mochila, la mujer expresa sus múltiples niveles de pensamiento que recorren los distintos momentos del proceso de elaboración. “Si dejamos de tejer se pierde nuestra cultura, por eso no dejaremos nunca de hacer mochila”, dice Íngrid, quien estudia tercer semestre de enfermería en Valledupar (Cesar) pero los fines de semana cuando regresa a su pueblo hace mochilas, pues en Guatapurí en todas las casas se teje.
Dentro del proceso del fortalecimiento de la identidad cultural, la organización Indígena Kankuama (OIK) ha impulsado el rescate del centro artesanal Chimbuchique que agrupa a unas 300 artesanas, quienes diseñan, elaboran y comercializan los productos en fibra de fique y lana.
La actividad se ha convertido en uno de los principales sustentos -al igual que el café y la panela- de las 730 personas que viven en Guatapurí, y de los 14 mil kankuamos de las comunidades de Atánquez, Chemesquemena, Las Flores, Pontón, Ramalito, Los Haticos, Rancho de la Goya, Mojao, La Mina, Río Seco y Murillo, los pueblos de este resguardo de 24 mil hectáreas ubicado en la margen sur oriental de la sierra, a unos 30 minutos de Valledupar.
Es el caso de Minerva Villazón, quien vende sus mochilas entre 80 y 120 mil pesos y al mes elabora cuatro o cinco.
La resistencia
A lo largo de la historia, el pueblo kankuamo ha resistido todo tipo de embates. El coordinador de Asuntos Étnicos de la Gobernación del Cesar, Hernán Gutiérrez, kankuamo, asegura que hay documentos históricos de la conquista que dan cuenta del pago que recibían los jesuitas o sacerdotes por peluquear indígenas, con lo que los obligaban a no tener el cabello largo, olvidar su lengua y hablar castellano.
“La vía que nosotros no debimos haber perdido fue la de sostener una identidad cultural”, indica Gutiérrez al recordar que recuperar la lengua es una de las tareas urgentes.
Con la colonización se inició una pérdida paulatina de valores culturales como la lengua. “Los mayores hablaban en voz baja y si uno llegaba se callaban”, recuerda Úrsula Solís, quien tiene 105 años y en su casa de bareque, techo de zinc oxidado y almendros tristes intenta recordar algunas palabras que aprendió. “Como no tenía con quién conversar todo se me ha olvidado”, cuenta en tono lastimero. Ella, desde hace varios años, tiene comprado su cajón mortuorio, que está en los maderos que sostienen el techo de la sala donde todos los días se sienta a mecerse.
La violencia también arropó a este pueblo. Entre 1996 y el 2006 fueron aniquilados unos 400 kankuamos por paramilitares y guerrilleros que los involucraron en su guerra por el control de la Sierra. Hoy esta etnia tiene medidas especiales de protección dictadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Pese a estos embates, los kankuamos se resisten a desaparecer como cultura y como pueblo. Si bien no cuentan con hablantes, aún mantienen algunos términos insertados y compartidos en el habla, como bonka (pájaro de la parte alta), kan (palo), yari nuko (saludo) y chotukua (vasija).
El coordinador del área de fortalecimiento cultural y desarrollo social de la OIK, Albín Gómez, explica que dentro de la estrategia para la recuperación de la lengua propia está la identificación de fuentes de información como algunos mamos koguis, líderes espirituales de otra etnia de la Sierra, de quienes se dice conocen bien esa lengua y con quienes ya se trabaja.
Pero también se busca la recuperación de las kankúrua o teorarikas, las casas ceremoniales tradicionales para la discusión y el conocimiento sobre los temas concernientes al manejo del territorio. También se está fortaleciendo la música tradicional, la de chicote (gaita) para que esto prevalezca en los niños.
La medicina tradicional permanece intacta entre lo sagrado y lo místico
Saúl Martínez es un médico tradicional kankuamo y líder espiritual que se prepara para ser mamo. Es una especie de guardián de los sitios sagrados del resguardo.
En Atánquez vive en una kankurúa, lugar sagrado, donde a diario llegan personas de la comunidad en busca de orientación y por problemas de salud. “Para garantizar la armonía en el territorio hay que hacer pagamentos (trabajo cultural) en los sitios sagrados”, dice sosteniendo un poporo en su mano derecha mientras que con la otra hace figuras en la tierra.
Según la OIK, en el resguardo hay 236 sitios sagrados dispersos, (árboles, cerros, piedras, ríos…) y se conectan a través de líneas virtuales de acuerdo con la jerarquía de cada uno. Allí es donde las autoridades indígenas hacen sus trabajos espirituales para el funcionamiento del territorio y sus habitantes.
Allí mismo, en Atánquez, vive Segundo Cáceres, quien atiende a personas de toda la Costa Caribe con sus pócimas naturales. “Con una sola mirada de pies a cabeza y ayudado por mi instrumento, una botella con aguas medicinales, sé qué tiene el enfermo”.
Asegura que cura dolores de muela, cólicos, flujos, inflamaciones y otros dolores gracias a los poderes de plantas como la aborraja, el eucalipto o el viravira, a las que llama plantas positivas. Mientras tanto, la luna comienza a iluminar las montañas y los caminos de Atánquez, en el resguardo de los kankuamos, la tierra donde las mujeres nunca dejan de tejer.
Los jóvenes se comprometen por lo suyo
Unos 20 jóvenes de Atánquez, comprometidos con fortalecer el proceso indígena en el resguardo, llevan dos años trabajando en el amor por su territorio, la tierra y los principios culturales ancestrales. “Mientras existamos jóvenes comprometidos, nunca desaparecerá nuestro pueblo”, subraya Mario Villazón, líder de los jóvenes kankuamos, quien organiza las charlas con los ancianos y autoridades del resguardo para que transmitan su conocimiento. Algunos de los muchachos que participan en este proceso son bachilleres, otros universitarios como Mario, quien define al verdadero kankuamo por su forma de pensar, hablar y hacer su cultura. “No se ha perdido nada, muchas cosas se opacaron, que es diferente. Todas las cosas están allí en nuestro territorio y allí permanecerán si nosotros no las despertamos”, precisa.
Canal propio
El pueblo kankuamo tiene el primer canal étnico del país, manejado por los propios indígenas. Kankuama TV nació hace tres años como una propuesta para la resistencia del pueblo en el fortalecimiento del proceso cultural y de su identidad. Desde aquí se producen programas sobre la cotidianidad de sus habitantes, historias a partir de la elaboración de la panela, la mochila, el chinchorro, medicina tradicional, algunos perfiles de los mayores y música tradicional. Salen al aire los miércoles y los sábados de 4 a 6 p.m.
LEONARDO HERRERA D.
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
GUATAPURÍ (SIERRA NEVADA)*
*CON APOYO DEL MINISTERIO DE CULTURA
















